Las pulseras de actividad detectan movimiento y lo transforman en
“pasos”, una unidad de medida “estándar” para estimar nuestra actividad
a lo largo del día. Pasos con los que se calculará la distancia recorrida
teórica y las calorías consumidas a lo largo del día, en función de nuestra
edad, peso, altura y sexo.
Las
pulseras, al llevarlas en la muñeca contabilizarán como pasos “ficticios”, como
por ejemplo en algunas actividades donde estamos quietos y sólo movemos los
brazos (ej. limpiar cristales).
Durante las horas de sueño,
la pulsera registra nuestro movimiento, más bien, nuestra quietud, para darnos
datos sobre la cantidad de horas de sueño y la calidad del mismo, horas de
sueño profundo o ligero.
En resumen, registrar
nuestra actividad diaria en forma de pasos, distancia y calorías, así como
nuestro descanso nocturno.
A continuación, voy a
explicar las funciones básicas que incluyen “casi” todas las pulseras de
actividad.
- Motivación: en todas las pulseras es posible fijar una meta diaria de pasos (o calorías quemadas) acorde con nuestra forma física, convirtiendo a estas pulseras en un instrumento que motive a aquellos que llevan una vida sedentaria.
- Alertas de inactividad: si saben cuando nos movemos, también saben cuando llevamos tiempo sin hacerlo. En la mayoría de pulseras podemos activar una alerta de inactividad que nos avise cuando llevamos una hora sin movernos y que se anularán al dar unos cuantos pasos. Haciendo caso a estas alertas, cumpliremos con uno de los principales consejos para aquellos que sufrimos dolores de espalda al estar todo el día frente a una pantalla de ordenador.
- Medir el descanso: el registro estadístico de nuestra actividad (se visualiza en la app móvil o en la web) puede permitir a muchos deportistas ajustar correctamente la carga de entrenamiento en función del descanso efectivo (horas de sueño y calidad del mismo) y de la actividad física realizada en los días anteriores.
- Control del peso: las pulseras de actividad y las aplicaciones móviles que permiten registrar los alimentos que comemos pueden ser una buena herramienta para intentar llevar un balance energético negativo en nuestro día a día (más calorías quemadas por ejercicio de las ingeridas en alimentos y bebidas).
Si sólo buscamos estas
funciones no es necesario gastar más de lo necesario, pudiendo decantarnos por
alguno de estos modelos económicos: la Jawbone
UP Move, la Xiaomi
mi Band o la vivofit.
El problema real de las
pulseras de actividad, y por lo que muchos pensáis que no sirven para nada, es
que las funciones anteriores no son imprescindibles. Es decir, pueden ayudarnos
a cambiar hábitos sedentarios, pero no
nos aportan nada que necesitemos utilizar en el día a día de nuestra vida.
Por esa razón, la industria empezó a añadir funciones “extras” a la
monitorización de la actividad diaria, y son justamente esas las que hacen que
algunos las llevemos en nuestra muñeca de continuo:
- Reloj
- Cronómetro: muchas pulseras disponen de un modo cronómetro con el que podremos registrar de forma individual los pasos y calorías consumidas en un determinado ejercicio.
- Despertador silencioso: las pulseras con alertas por vibración son un perfecto despertador que evita los sobresaltos (tuyos y de tu pareja) que provocan los despertadores con sonido.
- Correr/andar: las pulseras de actividad no llegan a ser tan precisas como los GPS para calcular la distancia recorrida, pero casi.
- Pulsómetro clásico: algunas pulseras de actividad (garmin y polar) se pueden conectar a una banda torácica de pulso al igual que los pulsómetros clásicos.
- Pulsómetro óptico: uno de los grandes avances en las pulseras de actividad ha sido la inclusión de los sensores ópticos de frecuencia cardíaca.
- Avisos inteligentes: la mayoría de pulseras de actividad incluyen algún tipo de función “inteligente”, desde el simple aviso de llamada (útil para aquellos que siempre llevan el móvil en el bolso o en la mochila) hasta notificaciones de mensajería instantánea.


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